Triglav Vertical
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¡Así de simple!




"Pues sí, parece que sigue habiendo nieve" - pienso mientras nuestro avión aterriza en el aeropuerto de Luleå. Llévabamos poco más de un par de días en Estocolmo, y repentinamente decidimos volar sin apenas previo aviso hacia el norte.

Todos los canales de Estocolmo habían permanecido congelados los días que habíamos pasado visitando la capital, pero lo que no tuvo comparación fue el paisaje nevado que nos esperaba unos cuantos de km al norte de la capital.


Llegamos por la tarde, y apenas pudimos hacer algo más que desplazarnos hacia la ciudad de Luleå aquel domingo, en el que apenas pudimos encontrar algo abierto. Frío y viento, así nos daba la bienvenida la Laponia Sueca.

Sin embargo, al día siguiente amanecimos con un increíble sol y una genial temperatura. Sin dudarlo ni un momento, nos levantamos pronto y cogimos carretera hacia Jokkmokk, unos 170km más hacia el círculo polar.

Y así fue como nuestro paisaje de abundante nieve fue cambiando hasta encontrar demasiada nieve. Cruzamos el delgado paralelo 68º que recibe el nombre de Círculo Polar Ártico y fue entonces cuando nos dimos cuenta que la nieve ya nos llegaba por las rodillas.




Cuando llegamos a Jokkmokk tuvimos que atravesar el pequeño pueblo para volver a coger un desvío de 11km hasta Forshällan. En el pequeño tramo tuvimos la suerte de encontrar un par de renos juntos a la calzada, que apenas se asustaron cuando pasamos junto a ellos.




Llegamos a Forshällan, y conseguimos encontrar la casa de Karin, la que sería nuestra anfitriona el siguiente par de horas. 

Nos habíamos comunicado con ella vía electrónica siempre, mediante mails que se estuvieron sucediendo consecutivamente poco antes de llegar nosotros. Pero aún así seguíamos sin saber quién era.

A nuestro encuentro salió una mujer mayor, de unos 60 o 70 años, de pelo corto muy rubio y acompañada de un pequeño perro. Se presentó como Karin, y tras una larga charla, comenzó a proporcionarnos ropa de abrigo.




Seguidamente nos llevó a la parte trasera de su casa, donde tenía una manada entera de huskies esperando ansiosos por salir a correr por la blanda nieve de aquel día. Entre ladridos y gruñidos conseguimos armar los trineos y poco a poco fuimos soltando a los perros. Después de una grata bienvenida, los fuimos atando a los tres trineos que llevaríamos para hacer aproximadamente 20km ese día.



Cuando finalmente conseguimos estar todos, quitamos el ancla clavada fuertemente en la nieve y soltamos el freno de emergencia de nuestros trineos para empezar con una fuerza indescriptible a bajar por las colinas y a cruzar los bosques lapones.




Atravesamos una gran inmensidad de nieve y hielo, que resultó ser un lago que aún permanecía helado en esta temporada.

Accedimos por terrenos marcados con grandes X rojas, nos topamos de frente con algún que otro reno que salió corriendo a nuestro encuentro.




Y finalmente paramos junto a una vieja cabaña de madera, encendimos un fuego y nos calentamos con unas bebidas que Karin había traído con ella en el trineo. Después armamos una pequeña sartén y fuimos testigos de como cocinar a las orillas de un río helado una buena carne de reno con verduras.

Comenzamos entonces una larga e intensa charla compartiendo anécdotas de viajes, clientes e historias personales de cada uno. Karin, una noruega viviendo en la Laponia Sueca con su marido finés todo el día dedicados a la cría de huskies y al negocio que esto les proporcionaba.












Tras un rato de descanso, volvimos a la carga por el camino de vuelta en el que también tuvimos un encontronazo con una moto de nieve de un hombre de la localidad.

Volvimos a cruzar el lago helado, viendo como se iba derritiendo tras nosotros; y finalmente llegamos de nuevo a la granja de huskies de Karin.








Para rematar el día, volvimos hacia Luleå cruzando por Storforsen, una consecución de rápidos que bajaban aún estando la mayor parte congelados, con un inmenso caudal.

De vuelta en Luleå aprovechamos para tomar una buena cerveza y una comida caliente con un amigo residente allí e intercambiamos varias anécdotas.



Una gran experiencia para haber vivido el invierno de la Laponia Sueca más largo de los últimos 10 años.






















Salimos a primera hora de Sevilla dirección Aracena, y tras un medio trayecto en coche atravesamos el pueblo y continuamos unos 4km hasta llegar hasta Los Marines, un pequeño pueblo donde nos esperaba Jose de Sierra Extreme.

Estaba en contacto con el desde hacía tiempo y teníamos esa deuda pendiente, bajar con ellos a hacer espeleologia. Por fin conseguí sacar un hueco y nos aventuramos a descender a las profundidades con él.

Tras una corta subida nos presenta la entrada a la cueva, un descenso embarrado entre arboles y arbustos. Comenzamos a descender y justo antes del primer paso nos comienza a contar la historia de la Cueva del Guerrero o del Soldado Republicano, como más comúnmente se la conoce allí. Durante la Guerra Civil Española, muchos de los habitantes de la sierra huyeron por miedo a las tropas sublevadas y algunos se refugiaron en las cuevas, como es el caso de aquellos por el que la cueva recibió el nombre.

Una cueva de progreso fácil entre estalactitas, columnas y alguna que otra gatera de poco más de 1m de diámetro o llenas de agua. Notar las paredes de roca y mirar en cualquier dirección para solo ver eso, más piedra, una sensación nueva para nosotros. Por primera vez, no estaba colgado de la montaña, subiendo por su ladera o por sus vías verticales, ahora estábamos dentro.
Tener que estrecharte para pasar por un pequeño hueco, impulsarte y no ver hacia donde estás yendo. Avanzar hacia el punto fijo del frontal anclado al casco y de nuevo, una columna por la que hay que subir para seguir adentrándonos en los laberínticos y estrechos pasillos de esta cueva.

Resultado final: embarrados de arriba abajo, ¡pero mereció la pena! 100% recomendable.







De vuelta en casa tras dos semanas al otro lado del charco, hago recuento total de la distancia que hemos recorrido entre vuelos nacionales, internacionales y en bus, 26.000km.

Y pensar que ya hace tanto tiempo que pusimos rumbo al fin del mundo, a la Tierra de Fuego, a Punta Arenas y a Ushuaia la ciudad más austral del planeta,...ese momento en el que nuevamente me inundan con un escalofrío todos los recuerdos y anécdotas que he vivido rodeado del equipo, la organización y la gente de Chile y Argentina. Un año más, los pelos de punta.

Salimos el 26 de Febrero por la tarde hacia Madrid desde Sevilla, desde allí tomamos un vuelo nocturno con el que atravesaríamos el Atlántico para aterrizar en Santiago de Chile. Mi abuelo siempre decía que cuando viajaba a allí solía mirar por la ventana durante el amanecer para contemplar la inmensa cordillera andina que el avión sobrevolaba, una visión impactante. Y así fue, creo que mi primer recuerdo empieza con esa visión del viaje de los altos picos nevados y los glaciares.


Aterrizamos a las 10.00h en Santiago e inmediatamente cogemos un vuelo que nos lleva esperando cerca de 1h para partir hacia Punta Arenas. Volvemos a sobrevolar los inmensos glaciares y tras aterrizar somos recibidos en el pequeño aeropuerto y conducidos hacia la base naval dónde nos alojaremos a lo largo de la expedición.
Tras esto, somos invitados a comer en el quincho de la Sociedad Española situada a pocos minutos de la base. A lo largo del viaje se sucederán varias situaciones similares en las que no me voy a ir parando para no hacer muy pesado el blog.

Nuestro segundo día se basa en recorrer la ciudad que nos ha recibido con los brazos abiertos, encuentro con su alcalde, con la Nao Victoria, con Magallanes y primer vistazo al Estrecho que se abre ante nosotros.

Tercer día, homenaje a todos los marinos a bordo del PSH Cabrales y primera navegación por el Estrecho de Magallanes. Tras esto, ponemos rumbo hacia el Fuerte Bulnes, el Puerto del Hambre y el Bosque de los Vientos.
Aproximadamente unas 130 hectáreas de praderas, matorral y bosques nativos. Poco más de 5km de costas que dan vida al Parque Historia Patagonia.


Los siguientes días, mochila a la espalda, cruzaríamos por fin el Estrecho hasta la pequeña ciudad de Porvenir donde seríamos recibidos por las autoridades locales. Visitamos una pingüinera de Pingüinos Rey, donde conseguimos acercarnos a una distancia prudente de la zona de cría.






Emprendemos el camino de vuelta a Porvenir y esa misma noche presenciamos y nos hacen partícipes de un acto en la ciudad con hogueras en la costa, danzas tradicionales y leyendas de la tribu Selk'nam.


El día siguiente regresaremos a Punta Arenas, no sin antes estar presentes durante el acto de la adhesión de Porvenir a la Red Mundial de Ciudades Magallánicas en la que nos encontramos con Alicia Sornosa, la primera mujer española en dar la vuelta al mundo en moto y con Gastón, un artesano de la cultura Selk'nam.


Concluimos nuestra visita con un rápido recorrido por la ciudad y un asado de cordero con la gente de la zona que viven bajo el lema de "gobernar es educar".


Al sexto día, ponemos rumbo hacia la ciudad más austral del planeta, Ushuaia. Suele decirse: "Ushuaia, fin del mundo y principio de todo". Acabaremos con la sensación de que esto es cierto. A los cuatro nos ha cambiado este viaje de en cierta forma.
10h de bus, nuevamente cruzamos el estrecho y hacemos un pequeño stop en Tolhuin, donde encontramos una pastelería llena de fotografías de la Antártida. Continuamos nuestro camino y comenzamos a ver el cambio del paisaje desértico a los inmensos bosques y valles que reinan en esta zona.





Al fin cruzamos el control a la entrada del pueblo, y tras dejar nuestro equipaje y mochila, nos llevan hasta el Quincho Pichón para ofrecernos una cena caliente.



Al día siguiente visitaremos la ciudad, el puerto bañado por el Canal del Beagle y presenciaremos nuevamente un acto sobre la Red Mundial de Ciudades Magallánicas presidido por Federico Sciurano, alcalde de Ushuaia.


Tras esto, nos adentraremos en el final de la cordillera Andina, en los bosques y lagos del fin del mundo, donde miles de años atrás habitaron los yámanas. Recorremos bajo la incesante el final de la ruta Panamericana, que va desde Alaska hasta Tierra de Fuego.




Pasamos junto al Río Pipo, el Lago Roca y el Acigami. En este último encontramos algunos de los árboles más antiguos del parque, cargados de "barbas de viejo" un característico liquen que recorre su tronco.


Nuestro viaje de vuelta desde Ushuaia vendrá marcado por la rápida visita al tren del Fin del Mundo, al presidio y a la navegación por el Estrecho de Magallanes a mitad de la noche, observando la vía láctea y la Cruz del Sur en el firmamento.

Corta estancia en Punta Arenas y de nuevo ¡mochila al hombro! y ponemos rumbo hacia Puerto Natales, donde nuevamente tendremos una visita con las autoridades locales y aprovecharemos para descubrir las cuevas del milodón, gran atracción turística de la zona.


Pero nada mejor para terminar el día como llegar a Cerro Castillo, la pequeña comunidad en la nos alojaremos estos días, y que se nos tuerzan los planes. No disponemos de zona ni instrumentos para cocinar, por fin empieza a sonar esto a aventura, nos recorremos el pueblo hasta que damos con Tauke Aike, un establecimiento cuyo nombre en Aonikenk significa "Lugar del viento", cuya dueña María Paredes gratamente se ofrece a ayudarnos.

Al día siguiente llega nuestro ansiado destino, las Torres del Paine. Amanece nublado, y durante toda la mañana amenaza a lluvia. Sin embargo, no es hasta que llegamos a la zona de Los Cuernos, cuando el cielo comienza a abrirse un poco y la niebla a disiparse. Dejándonos ver unas magníficas vistas del paisaje que se extiende ante nuestros pies. Me emociono más de una vez.




Poco a poco vamos descubriendo lo majestuosas que son las montañas que se encuentran frente a nosotros, los glaciares y todo elemento presente que conforman un lugar en el que armonía y caos se funden para dar lugar a las Torres del Paine.



Nos dirigimos ahora hacia el Glaciar Grey, primero nos adentramos en un espeso bosque que desemboca en una playa llena de icebergs con la estampa helada al fondo. Algunos témpanos se acercan flotando hasta la orilla para asombro de los más curiosos que los cogen y los lanzan de vuelta al agua.








Nos avisan que más adelante hay un sendero que asciende por una pared hasta un pequeño mirador desde el cual podríamos ver con mejores vistas la lengua del glaciar. Comenzamos a subir por un camino de piedra y cuando llegamos al mirador, como buenos curiosos, nos saltamos la pequeña valla de madera, bajando un poco más para tomar fotografías y video.
Es en ese momento cuando un crujido retumba en toda la zona, seguidamente vemos una arista de hielo desprendiéndose de uno de los icebergs y como cúlmen de todo esto, comienza a hundirse y a girar sobre si mismo, dejando al la luz toda la parte inferior de un color azul eléctrico dado por la falta de oxígeno que tiene esta parte. "¡Graba, graba!" es todo lo que podemos gritar ante este increíble espectáculo.


"Nunca en mi vida había visto algo así, es muy difícil que ocurra" nos admite uno de los guardas del parque que llega tras el incidente.

Tras esta increíble experiencia, volvemos por el mismo camino aún con los pensamientos en el glaciar, dejando las Torres del Paine ahora ya más visibles, atrás.

Nos despedimos al día siguiente de María Paredes y regresamos a Punta Arenas, donde haremos una rápida visita a la reproducción de la Nao Victoria de Juan Luis Mattassi.
El resto de días estarán marcados por las visitas culturales en esta ciudad.

Finalizamos nuestra expedición el día 12, vuelta a Santiago de Chile, una rápida visita a la ciudad y vuelta al aeropuerto para tomar un vuelo de 13h hasta Madrid y después a Sevilla.

Gracias a todos por haber hecho posible este pedazo de viaje que ,sin duda, ha cambiado muchas cosas y ha dado un nuevo sentido a "el fin del mundo y donde empieza todo".